Nacida en Dijon -entre Lyon y París- la artista Sophie Bastien heredó el arte de su familia. Cuando era tan sólo una niña, su madre solía pintar en seda y poner sus colores preferidos en frascos vacíos de comida para bebés. En Sophie creció dicha fascinación por las formas, algo que la llevó a tomar clases de dibujo y posteriormente de pintura en la Escuela de Bellas Artes. Al principio, pintaba bodegones de una manera muy académica, hasta que trató de hacer el retrato de un amigo. Instintivamente, Sophie pintaba rostros con varios trazos de diferentes colores. “No podía hacer una cara lisa, carente de emoción. Esto se convirtió en mi estilo, mi firma”, explica Bastien, quien pronto estudia diseño gráfico aprendiendo la importancia del espacio vacío, de dejar las cosas en blanco, un elemento que es hoy para Sophie, una forma íntima de respirar a través de sus atrayentes cuadros.

© Sophie Bastien

© Sophie Bastien

© Sophie Bastien

No Hay Más Artículos