Al entrar a una galería del centro de Madrid una señora me atacó con un bolígrafo azul de la marca Bic. “Toma, agárralo, a ver si te pones y haces tú lo mismo”, me dijo. Yo, atónito, sólo pude detenerme frente a cada obra del artista andaluz Juan Francisco Casas analizando aquellos fugaces trazos salidos de un instrumento como el que yo sostenía. Esta tarde, sin duda, la obra de Juan Francisco ha seducido y ha llamado mi atención. Él no sólo es un experto a la hora de enraizar cada escena a la fotografía, también capta momentos mágicos, para la mayoría cotidianos, y los transforma. Trabaja sobre cada pieza unas dos semanas, hasta que se satura. Regala a cada momento de su vida un tiempo para volver a plasmarlo, como si no quisiese que escapase de sus manos.

© Juan Francisco Casas

Todas sus fotos son tomadas con flash para partir el tiempo. Nos cuenta que le gusta hacerlo así para congelar la imagen y luego poder trabajarla, separándola de su contexto para convertirla en concepto, en milésimas de segundo eternas. Su fama se debe al empleo exclusivo de bolígrafo azul, pero no es la única disciplina que practica. La pintura al óleo, dice, se contrapone al dibujo como si de dos mundos distintos se tratase. Y él, pasa de uno al otro para fundirse con ambos. Es así como surgen imágenes de fiesta y desenfreno, sensuales o sexuales, descreídas y capaces de ruborizar a algunos. Perfección que capta gotas de agua y un realismo tan bien traído que nos cuesta creer que se trata de obras no fotográficas. Él intenta “desmitificar” el uso del bolígrafo admitiendo que es una técnica cualquiera, pero la calidad de su trabajo sigue siendo admirable.

© Juan Francisco Casas

© Chémi Pérez

© Chémi Pérez

© Chémi Pérez

© Juan Francisco Casas

© Juan Francisco Casas

Enlace: www.juanfranciscocasas.com

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