El estadounidense Jim Harter (1941) es un claro ejemplo de que el talento es a veces algo innato. Totalmente autodidacta, Harter siempre tuvo una gran inquietud por las imágenes. Fue así como en 1967 entra al mundo de la creatividad a través de una exposición de arte psicodélico en San Francisco. Dicha experimentación, despertó en él una inmensa curiosidad en torno al poder de la psique humana, desarrollando su capacidad para generar piezas visuales fantásticas, como si su mente fuese una pantalla de cine interior. La comprensión de este movimiento y sus diversos viajes a través de Europa, lo ayudaron a encontrar su propia identidad. Esta conexión vino mientras observaba el libro Cosmic Bicycle del artista del collage Wilfried Satty, quien utilizaba grabados victorianos en blanco y negro como fuente material para crear un efecto misterioso y eterno. Sin duda algo que Harter deseaba evocar en sus creaciones.

© Jim Harter

“Trabajar en un medio como el collage me ha ofrecido múltiples opciones, permitiéndome familiarizarme con símbolos que tienen un significado real y auténtico para mí. Mis creaciones no son rápidas yuxtaposiciones de imágenes incongruentes, sino más bien esfuerzos en pos de una magia poética real, algo que refleja mi alma”, señala Harter, quien también ha visto en la pintura la forma perfecta de llevar su expresión a un nuevo nivel. Fue así como en 1981 pasó un tiempo en Francia, con el Dr. Jean Letschert, artista belga y ex alumno de Rene Magritte. “Él había ganado una gran reputación en la India como un respetado yogui. Además su arte era una mezcla de un estilo surrealista con el simbolismo mítico influenciado por un profundo conocimiento de oriente y occidente, las ideas filosóficas y la psicología de Carl Jung”, explica Jim. En esta búsqueda, el artista también se reunió con un importante grupo holandés de artistas realistas visionarios conocidos como Metarealistas. De allí su pasión por explorar temas simbólicos utilizando en la actualidad técnicas digitales para colorear sus collages, siguiendo siempre los principios del arte psicodélico, una realidad arquetípica, que a su juicio parece a la vez intemporal y profundamente humana.

© Jim Harter

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