La erótica, ahora lleva nombre de chica: Ghada Amer. Esta fabulosa artista visual y escultora egipcia resuelve cada pieza con pinceladas largas y fluidas así como con una paleta de colores que parece deliciosamente desteñida bajo horas de sol tras breves escarceos con el dripping. Y es que todas las batallas y las teorías de la erótica plástica relacionada con la mujer tienen lugar en su obra, dejando entrever la sutileza, la visión directa del sexo y sus sensaciones como si se tratara de disparos de color flotando en el aire.

© Ghada Amer

El trabajo de Gahda, actualmente afincada en la ciudad de Nueva York, ha estado desde su comienzo relacionado muy estrechamente con la mujer, con la necesidad de explorar lo que se considera femenino y lo que no, tanto a nivel físico como a nivel sociocultural, trabajando siempre con ideas contundentes de fondo. Las primeras obras de Amer muestran con líneas depuradas y vivísimas a mujeres llevando a cabo lo que consideramos tareas femeninas: la compra, los niños y las tareas de la casa. A veces la ironía o la reivindicación consisten simplemente en plasmar aquello que nos han obligado a ver o a aceptar como “femenino”.

© Ghada Amer

Además de incorporar en sus trabajos técnicas como el tejido o la calceta, Ghada Amer también ha explorado el campo de la performance y la escultura, trabajando mano a mano con prestigiosos artistas como R. Farkhonden. Sus piezas en torno al desnudo y la erótica, sin embargo, muestran una patente evolución hacia formas todavía más pulidas, lindando con lo abstracto. Es esa visión fronteriza lo que hace de su apuesta algo tremendamente cautivador: mujeres besándose tras una espesa capa de driping que recuerda al omnisciente Jackson Pollock. La textura de sus lienzos es arrolladora, irregular y llena de matices. Exige al espectador unos segundos para ser desentrañada, como una buena historia, al tiempo que sus colores, casi siempre en forma de goteo o mancha, nadan entre lo solar y lo floral, con rosas suaves, azules prístinos y brillantes y detalles en un rojo que recuerda a un corazón latiendo, vivísimo. El resultado final hace pensar inequívocamente en la lujuria, en un deseo tridimensional, denso como un jarabe y a la vez vibrante, lleno de realidad, de sombras y de explosiones como centelleos.

© Ghada Amer

© Ghada Amer

© Ghada Amer

Enlace: www.ghadaamer.com

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