Su edad delata que nunca vivió en los cincuenta. Cuellos altos, tupés desprovistos de formas delimitadas y ojos cuyas rayas negras se extienden hasta el infinito. Así son la mayoría de los personajes que podemos observar en las creaciones del artista audiovisual Eduard Grau.

A pesar de su extenso currículum –envidiable para muchos de los fotógrafos que pueden llegar a interesarse por la moda y la música- su nombre resuena débilmente entre la prensa del país que le vio nacer. Él mismo afirma en una de las entrevistas que concedió para el diario La Vanguardia que “En España nos cuesta confiar en los jóvenes” y por ello cree firmemente en una revolución protagonizada por éstos.

Tras estudiar en la ESCAC de Barcelona y en la National Film and TV School de Londres, dejó de lado el país que nunca se había atrevido a ofrecerle una película para enfrentarse a nuevos retos profesionales en el extranjero. Jamás nos podríamos haber imaginado que conocer a un cineasta independiente en la cola de un cine a medianoche, tuviera tal repercusión en la vida de una persona. Pero así empezó la proyección a nivel internacional del trabajo de Eduard Grau. Dos años más tarde, recibió la llamada de un desconocido que se hacía llamar Tom Ford y que le quería ver en Hollywood en apenas unos días. En su trabajo había divisado las marcas de un estilo muy personal, quizás cercano a la corriente cinematográfica Nouvelle Vague o quizás semejante al que Marlon Brando exprimió en su personalidad durante la década de los cincuenta.

De esa llamada surgió una entrevista que duró apenas una hora y que se materializó en un proyecto cinematográfico que acabaría llamándose A Single Man (2009). Basada en una novela de Christopher Isherwood considerada un hito en el movimiento de liberación gay durante los años sesenta, la película deja al descubierto el gran temor al que se enfrenta el individuo moderno: la soledad provocada por la muerte artificial.

Alejándose de sus diálogos reflexivos y del gran trabajo de vestuario y de dirección realizado, la película se introduce en nuestra mente a través del estilo de cada fotograma. Es casi imposible no recordar la escena de otro de los grandes de la industria de la moda, Jon Kortajarena, al olvido del mundo en una gasolinera y rememorando los grandes iconos del cine como James Dean, mientras el sol naranja casi a punto de explotar, desaparece sin ninguna excepción.

© Eduard Grau

Esta película constituyó un punto de inflexión en la carrera del catalán que le abriría las puertas a un sinfín de oportunidades como videoclips para la cantante estadounidense Lady Gaga o anuncios para la multinacional española Inditex. Obras en la que consagraría siempre silenciosamente, su compromiso con el arte.

Sin embargo, tras una carrera profesional de insomnio, el joven director de fotografía esconde un duro y arduo trabajo en el cual, la distancia lejana respecto a su familia y al hogar en el que creció, le marca las referencias vitales para saber quién es y especialmente a dónde va. Estad muy atentos a las creaciones de Eduard Grau, porque la obra de este chico dará mucho que hablar en un futuro próximo.

Enlace: edugrau.com

No Hay Más Artículos