La pintura del español Dino Valls es un espejo que refleja nuestro inconsciente y su fragilidad. Con una carga de angustia vital, el artista nacido en Zaragoza expone en cada pieza un viaje intelectual en torno a los conflictos humanos y las bajas pasiones. Tras licenciarse en medicina en 1982, este creador de 52 años se dedica cien por ciento a la pintura, trabajando incluso ocho horas diarias en sus lienzos, de los cuales conserva tan sólo tres de más de doscientos. Y es que es innegable que cada una de sus propuestas deja en evidencia un tipo de arte nuevo e integrante que sin duda desafía muchas de las respetadas presunciones del arte moderno del siglo XX y las nociones sobre qué es y qué no es vanguardia.

© Dino Valls

Es así como inspirado en las múltiples representaciones del dolor y las patologías físicas y mentales, Dino nos invita a revisar su meticulosa técnica que bien podría recordarnos a aquellos genios clásicos del renacimiento o el barroco del medievo. Una comparación frente a la que Dino tiene una postura muy clara: “Me molesta mucho que hablen de virtuosismo respecto a mi pintura. Es como si definiesen el valor de la destreza por su dificultad técnica. Hay destreza, la uso muy concienzudamente, existe un perfeccionismo muy obsesivo, pero está al servicio de las ideas, de la indagación en los vericuetos del ser humano, de lo que quiero decir”, explica y agrega, “mi pintura sirve para aportar oscuridad, inquietud, tormento. Lo que hago como artista es ahondar en la parte más oscura y más desconocida del ser humano. Mi pintura vendría a ser una manera de manchar lo blanco”, dice Vals quien continua hoy encantándonos con su tan particular noción del mundo donde la psicología de la escena social es la gran protagonista.

© Dino Valls

© Dino Valls

© Dino Valls

© Dino Valls

Enlace: www.dinovalls.com

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