Arte en las venas. No hay otra forma de definir el espíritu de un personaje como Stefano Alcantara. Autodidacta en el tatuaje y diseñador gráfico de profesión, este magnífico artista peruano nos sorprende con su poderoso repertorio: verdaderas piezas de culto inmortalizadas en el eterno lienzo del cuerpo. Con voluntad implacable, Stefano ha logrado dar rienda suelta al gran talento heredado de su bisabuelo y mayor referente artístico, José Alcantara de La Torre, transformándose hoy -gracias al cariño y al apoyo de su familia- en uno de los mejores tatuadores del mundo. Desde el famoso Last Rites Tattoo Theater en Nueva York, Stefano Alcantara nos habla de su vida, sus ritos y viajes; sus emociones, momentos de introspección y experiencias ligadas al tatuaje.

Stefano, ¿de qué forma influyó en tu vida personal y artística la figura tu bisabuelo José Alcantara de La Torre?

Mi bisabuelo marcó de una manera muy importante mi vida. Siempre he escuchado sus anécdotas contadas a través de mis tíos. Me identificaba mucho con él, con sus historias, las visualizaba de tal forma que sentía que las vivía, sobre todo mientras observaba sus óleos y acuarelas en las paredes de mi casa… eran obras increíbles, pensaba que era imposible hacer algo tan perfecto.

¿Y fue esa perfección la que marcó tu infancia y tus primeras sensaciones en torno al arte?

Así es. Aproximadamente a los doce años, mis padres empezaron a comprar obras de mi bisabuelo en diversas galerías y tiendas de antigüedades por todo Lima. Me recuerdo caminando a través de diferentes barrios, recolectando revistas que publicaban sus pinturas, casi siempre en las portadas. Eso quizás me dio a entender que el buen arte perdura por muchas generaciones y cada vez se vuelve más valioso.

Cuéntanos de tus inicios. ¿De qué manera aplicaste tus conocimientos como diseñador gráfico al arte corporal?

Mi época de aprendizaje como tatuador fue a la par con mi carrera de diseñador gráfico. En esa época tatuaba a mis amigos los fines de semana y de lunes a viernes estudiaba. El diseño me enseñó a diagramar y a pensar en cómo poner elementos en un determinado espacio y que estos se vieran ordenados, destacando por sobre todo un mensaje, algo perfectamente aplicable para el tatuaje. Por ejemplo, la teoría del color, que a veces muchos tatuadores desconocen, ya que cometen errores al utilizar colores que juntos no se ven naturales.

Durante este aprendizaje autodidacta, ¿qué fue lo más difícil?

Lo más complejo fue el hecho de que no había manera de encontrar información apropiada en Perú acerca de tatuajes, sólo habían dos chicos más tatuando y estaban en las mismas condiciones que yo, ¡tratando!

En qué momento decidiste dejar Perú para llegar a tierras estadounidenses…

En esa época no había acceso a Internet en mi país, así es que decidí viajar a Estados Unidos para aprender más y comprar los insumos que necesitaba para lograr la mejor calidad en mis trabajos. De esa manera, viajaba una vez al año como artista invitado a diferentes ciudades en varios estados: Texas, Hawái, California, Florida, Nueva York, Dakota, New Hampshire, Rode Island y Nevada. Esa experiencia me llevó a la conclusión de que aquí, en Estados Unidos, tenía aún gente de la cual aprender y buscar una vara más alta que saltar. Nunca he sido una persona conformista, siempre trato de llegar más allá…

Y lo lograste, pues desembarcaste en Nueva York nada más y nada menos que en el Last Rites Tattoo Theater. ¿Cómo te conviertes en miembro permanente de este gran estudio?

Llegué invitado para hacer un Guest Spot en el que yo era el primer latino en sentarse a tatuar en Last Rites. ¡Para mí fue un sueño hecho realidad! Luego de mi primer día como artista invitado, conocí a Paul Booth, me invitó a su oficina, me agradeció por la visita y me propuso ser miembro oficial de Last Rites y mudarme permanentemente a NYC. No dudé en aceptar, fue uno de los pasos más grandes de mi carrera, me siento orgulloso de ser latino y trabajar en el mejor estudio de tatuajes del mundo. A diario recibo miles de mensajes y mails de tatuadores de toda Sudamérica con ese mismo pensamiento y palabras de aliento que me hacen querer ser mejor por ellos cada día…

¿Qué satisfacciones te ha dado esta experiencia de trabajar en  un espacio con una ambientación tan particular?

Definitivamente Last Rites es un estudio único en su especie, un ambiente oscuro y misterioso, el primero en unir la pintura y el tatuaje en la única galería Dark de arte en NYC, un espacio que lucha por llevar al tatuaje a ser reconocido como lo que es: arte. Una vez al mes tenemos exposiciones de los mejores pintores contemporáneos de Dark Art y pintamos en el área de “Art Fusion Experiment”, un lugar interesante e inesperado en cuanto al resultado de la obra final.

Si ahora hicieras una retrospectiva mental, ¿cómo describirías la evolución de tu arte desde tus inicios a nuestros días?

Creo que la evolución se dio con paciencia, siempre tratando de dar lo mejor de mí en cada pieza. Al principio no podía hacer las cosas que hago ahora, fueron justamente los viajes y el hecho de estar rodeado de muchas influencias, lo que me hizo encontrar la técnica perfecta y el estilo con el cual me siento totalmente cómodo hoy.

Hablando de estilos, has desarrollado desde tradicionales a biomecánicos, pasando por el new school y el hiperrealismo, ¿cuál de ellos es tu preferido y por qué?

Mi preferido -sin lugar a duda- es el hiperrealismo en negro, gris y en color. Me siento muy cómodo y lo disfruto al cien por ciento. ¡Soy feliz cuando tengo que hacer alguna buena foto de alguien o algún animal u objeto! También me agrada mucho el New School, me divierte hacer líneas gruesas que distorsionan la realidad.

¿Recuerdas cuál fue la primera imagen que tatuaron en tu cuerpo y la primera que tú tatuaste?

Mi primer tatuaje es el de uno de mis cantantes favoritos en los noventas Max Cavalera, una cara de Jesús pero con un estilo más “dark”, y la primera que tatué fue el logo de una piraña en un buen amigo mío.

Personalmente, creo que el tatuaje lleva implícito un rito, una sensación de catarsis tanto para el tatuado como para el que tatúa. ¿Qué sientes como artista al comprobar que la persona frente a ti, te ha confiado una parte de su cuerpo, un momento especial de su vida, un recuerdo?

Tienes toda la razón, para mí es eso: una catarsis. A veces me olvido de mi alrededor y estoy muy concentrado en causar el efecto deseado en el tatuaje, algo que me pasa también cuando pinto. Es una sensación muy especial y halagadora que alguien confíe su piel para tatuarse a un ser querido. Muchas veces la gente viaja desde muy lejos solo para tatuarse, por eso es una ventaja vivir ahora en Nueva York, una ciudad tan céntrica donde tengo clientes de Europa y de Estados Unidos. Eso me hace sentir muy especial, recuerdo con una sonrisa cuando estaba en Lima y algunos clientes pensaban que manejar más de treinta minutos era muy lejos para buscar a un buen tatuador. (Risas)

La mayoría de tus piezas destacan por su intensidad, la profundidad y el manejo de la luz, ¿qué te gusta transmitir a través de cada tatuaje?

Me gusta causar impacto en la gente que los ve, poner cada vez más presión sobre mí mismo al momento de hacer el siguiente. Me encantan las contraluces y jugar con ellas para realzar algunas partes del tatuaje, que a veces en la foto real no están. De esa manera no luce como en la fotografía, sino mejor…

Al momento de comenzar a tatuar, ¿tienes algún hábito en particular, ya sea para preparar el entorno de trabajo o despejar tu mente?

Sí, definitivamente preparar mi mesa de trabajo es como un ritual. Tengo un orden específico para armar mis maquinas, es como una especie de cábala: siempre armo desde las agujas más pequeñas a las más grandes, es una manía simple pero me hace sentir que me estoy preparando para otra satisfactoria sesión de tatuaje.

¿Qué sientes cuando finalizas una pieza?

Satisfacción, tranquilidad, aunque a veces me siento física y mentalmente exhausto de acuerdo a cuantas horas sin descanso he trabajado. No soy el tipo de tatuador que toma muchos descansos, salvo uno de cinco minutos sólo para estirarme. La mayoría de las veces no puedo esperar para tomar una foto antes de que el cliente se vaya, pues quizás no volveré a ver ese tatuaje nuevamente.

Eres considerado como uno de los mejores tatuadores de la actualidad, ¿qué recomendarías a los jóvenes que se inician en este arte?

Mi recomendación es no ver al tatuaje como un trabajo ni una manera de hacer dinero, sino como una instancia para disfrutar lo que te gusta hacer de la mejor forma posible. El resto es consecuencia de un buen trabajo. Recomiendo dibujar lo que más se pueda, tomar clases de pintura o de lo que crean que los ayudará a ser mejores artistas y mejorar su técnica de tatuaje, y en convenciones, tomar seminarios de tatuadores de los que consideren que pueden aprender algo más.

¿Vienes de gira por Sudamérica? ¿Cuándo podremos contar con tu presencia en estas latitudes?

Sí, voy de gira por Sudamérica en el 2011 de todas maneras. Estoy muy emocionado, ya tengo el contrato firmado con la convención de Puerto Rico e invitación a Costa Rica. Me gustaría ir a Colombia donde tengo muchos amigos que conocí en el camino, también sería muy interesante visitar Brasil y Argentina. Me encantaría regresar a Chile, fui por otros motivos ajenos al tatuaje, pero lo pasé increíble en esa época donde fui manager de la banda de metal de mi hermano, y por supuesto, definitivamente iré a la Convención Internacional de Perú.

Enlace: www.myspace.com/stefanostattoos

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