El dibujo siempre ha sido una constante en la vida del artista visual chileno Matías Solar (1982) a.k.a Mato. En su infancia y adolescencia, atraído por personajes que generaban a partir de sus obras un mundo propio, con un muy lenguaje pop, Mato fue pasando por diferentes etapas desarrollando formas creativas diversas, que lo llevaron a experimentar en áreas tan interesantes como la publicidad, la dirección de arte y el graffiti, talento que nace más allá de las paredes de una galería, evolucionando en las calles de Santiago de Chile.

Pero la propuesta de este joven profesional -expuesta en galerías como Matucana 100, la Strychnin Gallery de Berlín, Galería Animal, la Feria de Arte Contemporáneo Ch.ACO, y recientemente el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile (MAC)- va más allá. A él le interesa investigar y reflexionar sobre aquellos temas que le parecen contingentes y lo obsesionan. Allí reside su motivación: en las relaciones humanas y el vínculo entre el espectador y la obra como arqueología del presente.

Matías, ¿de qué forma crees que se involucran en el graffiti los conocimientos y lenguajes obtenidos a partir de tu experiencia artística?

Siento que todas las cosas se han ido alimentando entre sí. Lo interesante del graffiti es interactuar con gente normal, transeúntes, personas comunes que no están formadas para entender una obra como lo harían quienes fueron enseñaros por profesores de estética o arte. Son reacciones más espontáneas, menos “maqueteadas” que las existentes en una galería, el graffiti es volver quizás a tiempos en los que la imagen fija no fotográfica era la única forma de relación con las imágenes, la pintura tiene que ver con esa historia…

Y hacer graffiti, ¿fue algo espontáneo?

Pintar tags y rayar murallas era algo normal para mi generación de adolescente…

Qué valores destacas de esta disciplina…

Aunque ya no pinto casi nada en la calle, rescato muchas cosas. Entre ellas que el graffiti es para todos, no hay que pedir permiso pues es espontáneo, lo puede hacer cualquiera, es y no es serio, me gusta que no le guste a mucha gente y que muchos otros lo disfruten.

En su momento, ¿qué significó para ti dejar tu firma (tag) plasmada en la ciudad?

Poner mi nombre era un juego de palabras con los objetos y lugares, era también una forma de auto promoción.

¿Sientes que tu estilo ha mutado a través del tiempo?

Ha evolucionado debido a que es un reflejo de mí mismo, o quizás involucionado… (Risas)

Todos tenemos referentes, ¿cuáles son los tuyos?

Michael Craig Martin, Yves Klein, Raymond Pettibond, Peter Doig, Peter Halley y Joseph Beuys.

Qué podrías contarnos de tu proceso de diseño…

Primero hago un esquema de palabras y números, después compro los materiales voy al taller y pinto según dicho esbozo. En algunas ocasiones, improviso dependiendo de una idea que se me ocurre a partir de referencias visuales o conceptuales. Otras veces es diferente, tengo una idea precisa, exacta de lo que quiero ver en el cuadro y simplemente voy y lo hago…

¿Sientes que se aprecia el arte en Chile?

En Chile no se valora el arte, es un país de venta de materias primas y turismo de paisajes. La mayoría de los empresarios son unos ignorantes con plata, por eso no hay coleccionistas, mecenas ni corporaciones. En Chile el arte existe porque es una necesidad humana y la mayoría de los artistas llevan a cabo con esfuerzo sus proyectos, los sacan adelante con muy poco apoyo.

Hace poco estuviste exponiendo en la muestra “Para que nunca más” presentada en el MAC Quinta Normal…

Así es, fue una muestra multitudinaria con distintas visiones un poco outsiders del sistema artístico. Mi obra fue una gran tela confeccionada en satín, esa típica que usa la gente para armar lienzos de barras de equipos, banderas, emblemas festivos y disfraces. Es muy barata y tiene colores brillantes, sobre ella pinté varias escenas que se van mezclando, entre ellas la imagen del hombre más gordo del mundo, citas a un retrato de un rey en la infancia de Velázquez, fragmentos, pixeles, datos y algunas cifras.

Bajo qué concepto…

La idea era generar un objeto híbrido y barroco en cuanto a forma y sentido, que hiciera referencia al mundo actual y las relaciones de los objetos y los cuerpos en un sistema capitalista desregulado. Mi obra habla sobre cómo esas relaciones económicas moldean finalmente la vida humana, por eso es la imagen de Velázquez, de un rey con forma de niño, una metáfora del poder hoy en día. Es una tela de 10 x 4 mts pensada más como un objeto para recorrer, una instalación.

¿Tienes algún proyecto en curso?

Por ahora seguir pintando, investigando y armando proyectos, pensando en cambiar de país y mover mi trabajo hacia otros lugares….

Enlace: www.matiasolar.com

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