VJ, fotógrafo, artista y creador imparable, el realizador valenciano Juan Rayos deslumbra con su talento capaz de transformar objetos de culto en verdaderas piezas de arte. Muestra de ello son sus agendas Moleskine intervenidas con tinta, imágenes y recortes de prensa y por supuesto, “Kolkata”, un libro de fotografías íntimas y secretas de un país fascinante y bullicioso como India. En el ámbito videográfico, su pasión por registrar historias e imágenes de la vida cotidiana lo ha llevado a recorrer Madrid de noche o al amanecer. Entre calles semi-desiertas, Juan abraza desde la perspectiva de un skater, un biker o grafittero, una adrenalínica sensación de libertad al ritmo de bandas como Crystal Fighters y Electric President. Sus últimas creaciones incluyen -además de su productora Attic que realiza campañas para empresa como Mahou, Sony o Pepsi- videos promocionales para el Museo Reina Sofía dentro del Art Project de Google o la última tienda Zara de Roma.

© Juan Rayos

Entre tanta diversidad, Juan se esfuerza para no caer en la rutina. Lo único que es una constante en su ritual matutino es su café con leche y magdalenas. Luego se da el tiempo para la lectura, un inicio pausado que finalmente lo transporta frente al computador donde echa un vistazo a sus emails y a la web para organizar su día mediante listas. Juan es un fan de ellas. “Escribo todas las cosas que debo hacer antes de terminar el día, y es un real éxito cuando consigo tachar la mitad de ellas”, nos cuenta.

Lo que viene después depende del encargo. A veces se queda en casa pegado durante horas a la pantalla del ordenador editando videos, retocando fotos o simplemente, perdiendo tiempo en Internet. En otras ocasiones, cuando el café lo ha despejado lo suficiente, se decide, coge la bicicleta, sale a comprar, a buscar localizaciones o a un par de reuniones que dan como resultado un nuevo rodaje o sesión de fotos.

Juan, ¿en qué instante de tu vida te internas en el mundo del arte, específicamente en la fotografía y los medios audiovisuales?

Siendo bastante niño. Mi madre era aficionada a la fotografía, yo no era bueno pintando y, aunque escribía algunas cosas, supongo que buscaba un medio de expresión más plástico. La fotografía resultó un medio cercano y apasionante. El vídeo vino bastante más tarde, cuando estaba estudiando y empecé a interesarme por el cine.

Y cómo llegas a la Universidad de Alicante…

Recuerdo que dejé los estudios “convencionales” y me matriculé en una diplomatura de la Universiad de Alicante, algo medio experimental que funcionaba al margen de la Facultad pero dentro del campus. Yo era un crío, casi todos allí eran gente mucho más mayor y yo lo pasaba en grande. Hasta entonces sólo había hecho foto de forma casi autodidacta, aquí aprendí vídeo, sonido y cine. Después de aburrirme soberanamente en el instituto esto era increíblemente estimulante.

© Juan Rayos

Siempre hay un momento clave que extrañamente define nuestra historia, ¿cuál crees que ha sido el tuyo?

Fue cuando decidí conducir mi trabajo fotográfico hacia el mundo del arte. Estaba trabajando en una serie llamada “Habitaciones” y produje una fotografía en gran formato, dejé mis ahorros y casi no tenía dónde guardarla. Pero tuve suerte, algún pequeño éxito y tiempo después entré en la Galería Luis Adelantado de Valencia, en la que estuve cuatro o cinco años. El cambio del ámbito estrictamente fotográfico al artístico fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Otra cosa es que, con el tiempo, terminé realmente cansado de todo este mundillo…

© Juan Rayos

¿Sientes que transmites un mensaje especial en tu trabajo o éste es simplemente resultado de tu visión experimental y tus referentes personales?

La verdad es que no quiero transmitir ningún mensaje, tan sólo miro lo que me rodea, lo reinterpreto y pongo algo de mí en el proceso. Supongo que me apasiona lo que hago y me gusta retratar la pasión de los demás. Me inspiran multitud de cosas, la música, el cine, la calle, los viajes, las tradiciones, los ritos, la gente…

© Juan Rayos

Lo que has hecho en tus Moleskine es una belleza. ¿Cuándo tuviste tu primer cuaderno? ¿Qué te interesa coleccionar y cómo interrelacionas cada tema?

Tuve mis primeros cuadernos mientras estudiaba. Recuerdo que mi hermano, que por aquel entonces era un b-boy y pintaba graffitis, llevaba su BlackBook a todas partes, con sus bocetos y tags. También me marcaron otros cuadernos de diversos artistas. Pero cuando empecé el trabajo actual de los Moleskines fue hace unos siete años, durante una beca en la Academia de España en Roma. Estuve en la ciudad eterna seis meses y allí descubrí esta marca, la quintaesencia del cuaderno. Fueron unos meses inolvidables donde mi única tarea era crear. Tenía un estudio, una beca económica y mucho tiempo para trabajar sólo en mis cosas, estaba haciendo una serie fotográfica y empezaba a improvisar pequeños vídeo-diarios… La cabeza me bullía, cuando regresaba de dar vueltas con la cámara y la bici por Roma, me sentaba a trajinar en el Moleskine. Era una manera de unir multitud de cosas que “volaban” en mi mente de aquí para allá, copiaba textos zen o letras de Tom Waits, recortaba revistas de moda y fotos de las noticias de los periódicos, hacía garabatos y me manchaba los dedos de pintura y pegamento. Era (y es) genial trabajar en algo tan manual y físico en contraste con la mecánica y electrónica de la foto y el vídeo.

Hablemos sobre tu videografía. Cómo vas armando estas distintas estructuras visuales que conforman tu propuesta…

Lo primero es plantearme un tema que me interese personalmente, que forme parte de mi esfera de inquietudes. Suelo documentarme bastante, veo bastante material sobre el tema que voy a trabajar. A partir de aquí soy bastante caótico, intento tener una idea de partida más o menos concreta, aunque otras veces es más bien vaga. Luego me lanzo a grabar y dejo que las cosas fluyan; no siempre sale bien y a veces lo paso fatal cuando me doy cuenta que me faltan algunas cosas que podía haber previsto.

¿Qué te apasiona del proceso de edición?

La parte de edición es casi tan importante como la de grabación, hay que darle sentido a todo el material que te has traído y resulta fascinante. Pero es un trabajo bastante más lento, en ocasiones frustrante o desesperante, me encanta empezar a editar un nuevo trabajo, y me encanta terminarlo, pero hay momento en medio en los que no lo paso muy bien.

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Particularmente me ha encantado lo que hiciste con las chicas del Longboard Girls Crew. Dime, ¿cuál es tu vínculo con un deporte como el skateboarding?

Hago skateboarding desde hace relativamente poco tiempo, pero siempre me ha cautivado este mundo que transciende el mero deporte y lo funde con cultura, arte y estilo de vida. Empecé a patinar y me di cuenta que quería trabajar sobre ello (lo cual me permitía patinar más)… ¿o fue al revés? Supongo que uno experimenta sensaciones, experiencias y tiene el impulso de hablar sobre ello, de comprenderlo y transmitirlo.

Y a partir de ello, ¿cómo ves la escena del skate en España?

El skate en España está de nuevo en auge, tuvo su momento de gloria y luego pasó mucho tiempo bajo mínimos, pero ahora resurge y parece que de una manera más natural y, al mismo tiempo, más compleja, no como una moda pasajera. Además hay un fenómeno nuevo, mucha gente ya más mayor y que había olvidado el skate, lo retoma practiando Longboard, una disciplina más accesible, de sensaciones, que no exige años de entrenamiento y se disfruta intensamente casi desde el primer momento.

© Juan Rayos

Pasando al ámbito editorial, es asombrosa la forma en la que rescatas la esencia de la India en tu libro “Kolkata”. Dime, ¿qué te atrapó de este país?

India es un país maravillo, pero sus grandes ciudades pueden hacerte entrar en shock… y entre ellas, tal vez Kolkata se lleva la palma. La primera vez que llegué allí venía de Varanasi, una ciudad mágica que me había transportado a otro mundo, llegaba además con una imagen mitificada de Kolkata en mi cabeza, tenía aún en la memoria la lectura de “Esta noche la libertad” y estaba ansioso por conocer esta ciudad única… Pero el impacto fue brutal: el calor, la gente, la contaminación, los edificios y calles interminables, todo me sobrepasaba, tras cuatro o cinco días salí huyendo de allí.

© Juan Rayos

Pero tenías una deuda con Kolkata…

Claro, algo de la ciudad quedó en mi interior, sentía la necesidad de darle una segunda opotunidad, y, dos años después, regresé mucho más mentalizado y dispuesto a verla con nuevos ojos. En cierto modo terminé enamorándome de esa ciudad tan excesiva y comencé un trabajo que terminaría al año siguiente en un tercer y último viaje. El libro es un retrato sesgado y parcial, de una ciudad casi inabarcable. Eludía a la gente y me concentraba en pequeños fragmentos de paredes donde se acumula el devenir diario de la vida cotidiana de la ciudad, objetos, utensilios de trabajo, pequeños altares a los dioses, ropa, comida… En Kolkata se vive intensamente en la calle, se come, se trabaja, se conversa, se lavan, se duerme en las calles y aceras. Y todo esto deja un rastro vivencial sobre el que yo me concentré.

© Juan Rayos

¿Existen otros temas que quieras abarcar en tu obra futura?

Quiero continuar trabajando sobre el skate y el longboard, es un tema que me planteo a largo plazo y sobre el que me gustaría explorar nuevos caminos. Otros temas que me gustaría trabajar son la música y las fiestas populares, veremos si surgen oportunidades y tiempo para realizarlas. También tengo en marcha un nuevo libro en el que estoy intentando fundir mis fotografías y el sistema de trabajo empleado en los moleskines. Una mirada hacia atrás recordando viajes pasados, fotografías que no llegué a usar, series sobre las que trabajé… mezclado con apuntes, manchas y recortes. Veremos qué sale, es un proceso muy lento en el que llevo meses trabajando.

Enlace: www.juanrayos.com

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