El trabajo del ilustrador y artista gráfico español Gary Fernández es un deleite para la vista, una mezcla ecléctica que nos traslada a la década de los 60`s. Su obra habla de Dalí, es refrescante, intensa, seductora e incluso dadaísta. Tanta mixtura de ningún modo pasa desapercibida, pues él sabe cómo fusionar estilos sin ser exagerado. Y lo logra a cabalidad, generando un mundo de fantasía que ha cautivado a marcas como Nokia, Zune Originals, Volkswagen, Lucky Strike, Camel y Coca Cola, además de numerosas publicaciones donde sus piezas caprichosas y alegres rememoran antiguos carteles publicitarios de los circos europeos. A sus 30 años, Gary vive en Estados Unidos. Su día a día depende mucho del proyecto en el que está trabajando. Lo que suele haber de manera habitual en su estudio es música. Le encanta descubrir nuevas bandas para su playlist personal. Yacht, New Young Pony Club, Liars, Animal Collective, Piano Magic, Panda Bear y Benjamin Biolay, son sólo algunos de sus favoritos, el complemento perfecto para un rico café y la fiel compañía de su perro Pancho durmiendo debajo de la mesa de trabajo. Cuando tiene tiempo, Gary disfruta dar un paseo por el parque, y si hay suficiente, le gusta escaparse a tiendas de antigüedades y de vinilos de segunda mano, a ver si encuentra algo interesante para su colección. El día termina, si no hay ningún otro plan, con alguna buena película que suele ver en compañía de sus dos grandes inspiraciones: su mujer y Pancho.

Gary, dices que en tu arte “plasmas la belleza oculta de las cosas ordinarias”, ¿siempre has sentido la necesidad de expresarte gráficamente?

Desde muy niño me he sentido cautivado de una u otra manera por todo lo relacionado con el arte.  Y comencé a estar específicamente interesado por la ilustración mientras trabajaba en una revista de moda en Madrid. Fue entonces cuando tuve más contacto con el sector y supe de qué trataba exactamente eso llamado “ilustración”. Sobre todo me enganchó la idea de una relación entre lo personal -que debe ser el trabajo de un ilustrador- aplicado a proyectos concretos comerciales. Creo que esa es la idea con la que me quedé que debería ser mi trabajo y que me sigue acompañando desde entonces.

Tu éxito como ilustrador freelance fue casi inmediato…

Fue muy rápido y fluido. No fue complicado en absoluto. De hecho, tuve la suerte de comenzar con una campaña de publicidad muy grande en España, lo que me permitió tener una buena carta de presentación para los siguientes proyectos.

Y hubo algún punto de quiebre en tu carrera, algo que te hiciera cambiar de rumbo de forma radical…

Quizá lo más arriesgado fue cuando decidí cambiar de dirección hace tres años. Paré prácticamente por completo de trabajar comercialmente por un buen rato, para recuperar todos esos bocetos perdidos en mis cuadernos y darles vida. Entonces no sabía qué iba a suceder y ahora viéndolo con cierta distancia, me parece que hice lo más coherente y honesto. Necesitaba encontrar algo esencial que sentía que había perdido y echaba en falta para continuar mi camino.

¿Te ha afectado el hecho de provenir del mundo de la economía, un área que se podría pensar como totalmente ajena al arte?

Debo decir que no ha ejercido ninguna influencia directa en mi perspectiva artística, pero sí en la manera de enfocar mi carrera profesional. Quizá de una manera inconsciente mi planteamiento es un poco más pragmático. Busco cierta “funcionalidad” en mi trabajo artístico.

Cuéntame sobre tus ilustraciones, ¿qué técnicas utilizas en la mayor parte de tu trabajo?

Todo suele comenzar de la forma más básica posible, con un trozo de papel y un lápiz HB; y termina con artes finales en Photoshop, pasando por Illustrator, que es donde trazo todo lo diseñado previamente en el papel. La parte fundamental del trabajo, el contenido, viene de la primera etapa, del lápiz y el papel. Es donde digo todo. Donde está lo esencial. El resultado final es digital, lo que me permite adaptar formatos, y tamaños si es necesario en un futuro o si lo precisa el cliente. De algún modo convierte el trabajo en algo más orgánico puesto que puedo ir de nuevo hacia atrás, y modificar ligeramente un color, o unas proporciones y conseguir un resultado que se aproxime más tu modo de pensar más actual.

Dirías que tu inspiración proviene del interior o del exterior, o simplemente es una mezcla de ambas…

Me inspiran cientos de cosas, comenzando por lo que me rodea: mi mujer, la ciudad donde vivo, la gente y los lugares que voy visitando, libros, palabras, sonidos, los paseos por el parque con mi perro y un largo etc. Cada vez estoy más convencido de que la “mejor inspiración” viene de los lugares más insospechados y en los momentos menos esperados. Al menos para mí, las mejores ideas vienen de allí….

Quizás, se podría decir entonces que tu obra es más bien una historia de autodescubrimiento, tanto para ti como para quien la observa.

Me gusta verme como un cuenta cuentos. A veces contando cuentos sin moraleja, o incluso historias absurdas, o simplemente narrando una escena de una historia que alguien me ha contado, y otras veces, hablando sobre lo que veo en el mundo real, pero de otra manera, desde otra óptica. Quiero que mi trabajo sirva para inspirar a quien lo observa, crear ilusiones. Esa es su función. Hacer pensar que hay cosas imposibles que pueden llegar a ser reales si crees que pueden serlas, a través de unas imágenes aparentemente sencillas, fáciles de recorrer en un primer vistazo, pero que si les prestas más atención vas descubriendo todos sus detalles, toda su magia.

¿Cómo describirías a los personajes que habitan tus ilustraciones?

Son caracteres un tanto oscuros, siniestros, pero dentro de un panorama rico en color (y cada día más). Me gusta que desprendan cierta inquietud e incertidumbre. Por otro lado, siento como si hiciese música visual, me preocupa el ritmo, la orquestación y el equilibrio de mis imágenes. A veces los caracteres parecen incluso acróbatas en un circo lleno de bailarinas. Supongo que todo lo que quiero transmitir de momento, al menos de momento, no soy capaz de resumirlo. Quizá porque se trata más de transmitir sentimientos.

Durante tu prolífica carrera has tenido la oportunidad de colaborar con importantes firmas internacionales, ¿cuál ha sido tu estrategia para llegar a ellas?

La verdad es que creo que es una mezcla de suerte, mucho trabajo, ganas de hacer cosas y tener muchas experiencias, y un poco más de suerte (que nunca está de más). Me siento muy afortunado de tener la posibilidad de trabajar con grandes marcas, pero siempre pienso -y cada día estoy más seguro de ello- que no se trata tanto de con quién has trabajado, sino más bien qué es lo que has conseguido hacer con ellos y cuál ha sido el fruto de esa colaboración.

Tus ilustraciones le dan un valor agregado a cualquier tipo de producto, y es justamente la moda la disciplina que creo se ajusta cien por ciento a tu labor. ¿Te sientes cercana a ella?

Creo que es donde mejor encaja mi trabajo o al menos es dónde con más ímpetu ha sido aceptado. Es un campo muy abierto, que trata de imaginación y de decir las cosas de otra manera, al igual que de estimular los sentidos, y es exactamente de lo que trata también lo que yo hago.

De hecho, estimular los sentidos es lo que hace tu marca VelvetBanana, un revival de las “Art Rock T-shirt” con gráficas absolutamente electrizantes. ¿Qué te empujo a crear camisetas?

Comencé haciendo camisetas para otras marcas hace ya diez años y quería tener mi propia línea. Así comenzó VelvetBanana. Me gusta la camiseta como soporte creativo. Creo que es un canvas perfecto para transmitir ideas y que te da multitud de posibilidades.

Y en este mundo de posibilidades, ¿qué te tiene ocupado por estos días?

De momento mis planes van relacionados con proyectos por encargo. Entre otras cosas, posiblemente llevaré la dirección de arte de un nuevo producto en Estados Unidos.

Enlace: garyfernandez.net

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