Entrar a la obra de Carlos Pérez Bucio (Artista Visual – México D.F.) es entrar a los terrenos de la elegante ironía y despojarse de las máscaras que nos impone la sociedad, su trabajo es una combinación de elementos oníricos que emergen del inconsciente para revelarse de todo lo que podría ser considerado como políticamente correcto.
Carlos no deja ningún cabo suelto a la abstracción, todo lo que sus vísceras y su formación intelectual le susurran lo vierte en el lienzo que ocupa, su formación académica y profesional revelan un conocimiento profundo de los materiales y la utilización de estos. En el arte de Pérez Bucio todo es perfecto para invocar lo imperfecto, y de esta manera nos proyecta a un viaje que comienza en cada una de sus obras y acaba en lo más profundo de nuestra psique.
El foro y el contexto en el que se planteó la entrevista no pudo ser mejor, la idea de llevarla a cabo surgió en una reunión en la que hablamos de manera profunda de su obra, de las corrientes filosóficas del Siglo XX, de los Ewoks, de la funcionalidad y contradicciones de los regímenes parlamentarios, Del Imperio Contraataca (Star Wars), de Goya, de los Payasos que protagonizan las películas de Alex de la Iglesia y de una serie de elementos más en los que encontramos un hilo conductor sui géneris que transita en el orden mitológico de nuestra generación. A raíz de esta provechosa conversación se internó en mí una necesidad de hacerle un planteamiento de preguntas y de esta manera se puedan generar elementos para adentrarnos en su profunda y extraordinaria obra.
Siéntese usted como en casa, imaginé que las obras que aparecen en este artículo le rodean, y sin una explicación lógica los sujetos que las protagonizan le miran sin parpadear, esto para comenzar esta experiencia frontal, sensitiva y directa.

En tus obras aparecen muchas metáforas con el ámbito histórico- político con un tratamiento irónico. ¿Como es tu proceso de trabajo en este sentido? ¿Cual es tu proceso de investigación?

Tan importante como mi formación en la escuela de artes plásticas, lo fue mi aprendizaje con periodistas y escritores. He tenido la fortuna de colaborar en periódicos y revistas gracias a mi labor de dibujante y caricaturista. Trabajar de cerca con periodistas, y verlos trabajar también, me enseñaron a ir al fondo de las cosas, a no conformarme con los lugares comunes. He desarrollado una visión crítica más cercana a la del periodismo que a la del artista plástico promedio. De hecho, desde mi punto de vista, existen pocos artistas que abordan las cosas de la política de forma afortunada. Me interesa desmarcarme del resto haciendo uso de algo que se utiliza mucho pero que pocas veces se utiliza bien: el dibujo. Prácticamente desde que inicié a dibujar opté por abrevar de la caricatura, primero la que veía en los periódicos y años después, la que busqué en museos. Así, de forma natural obtengo el vehículo ideal de lo que después será un comentario político o social. Mis lecturas son parte fundamental de mi proceso de creación, leo mucho y boceto poco. Leo prácticamente todos los periódicos importantes mexicanos todos los días, y algunos franceses. En cuanto a lecturas más complejas, supongo que mi obra no sería la misma si no hubiese conocido a autores como Michel Onfray, Alain Soral, y Hal Foster, los cuales sigo investigando. En los últimos años me ha absorbido mucho el conocimiento de la teología, y particularmente la teología de la imagen. Tengo la preocupación constante de producir una obra que a pesar de contener alusiones concretas a tiempos y lugares específicos, como lo puede ser una alegoría a la extrema derecha, sea lo suficientemente universal como para sobrevivir al paso del tiempo.

© Carlos Pérez Bucio

© Carlos Pérez Bucio

Tu dibujo me parece impecable, en algún momento lo platicamos y tu me comentaste que tu trazo lo definirías como un “Trazo arrojado” o “trazo valiente” ¿Como podrías explayar este concepto?

A veces tengo la manía de querer que todo el dibujo fuera como el que me gusta: arrojado, valiente. Hay cientos de artistas que puedes ver en galerías y museos y pareciera que les da miedo agarrar un lápiz, o que de plano son muy torpes. Me consta que las horas de dibujo en las escuelas de arte ya son lo que menos importa, entonces, tenemos generaciones enteras de chicos que a lo que le tiran es a dibujar como Daniel Guzmán. Y ni se diga del claroscuro, prácticamente es un concepto desconocido para muchos artistas jóvenes. Cuando digo que mi trazo es seguro, o valiente, o machín, es que no le tengo miedo al error. Son años de experiencia, de observación y práctica, las que hacen a un buen dibujante. Hay que agarrar el lápiz y el pincel con firmeza, es decir, seguro de lo que uno va a hacer. No siempre resulta todo de primera intención, y bueno, se rompe la hoja y ya estuvo.

© Carlos Pérez Bucio

© Carlos Pérez Bucio

Tu trabajo es único en estilo y tratamiento, según mi percepción encuentro bocanadas de inspiración en la obra de Paul Ramsey, Goya y Paula Rego. ¿Cual es tu proceso de creación que denota un conocimiento profundo de autores grandiosos y a la vez tienes una independencia absoluta en la creación de tus personajes y de tus obras?

Lo que me hermana con Goya, por ejemplo, es la inclusión del elemento fantástico insidioso, ese concepto que abordó el escritor Roger Caillois: la irrupción de lo imperceptible o de lo inverosímil en el mundo real representado en una obra de arte y que provoca en el espectador una pérdida de sus marcos de referencia y un enfrentamiento con el miedo. Goya es quizá el autor que más influye en artistas que como yo, hemos hecho de lo grotesco materia de nuestra obra. Existe en Goya un gusto por la violencia y lo grotesco con el que me identifico plenamente. Paul Rumsey es un dibujante excepcional también, parece venido de otra época. Paula Rego es otra gran artista, en ella encuentro ese elemento perturbador que nos lleva al horror. El aprendizaje del arte también es una depuración del gusto que después se traduce en influencias. Un artista que investiga, fácilmente puede desprenderse de sus figuras tutelares. Al principio uno ensaya “a la manera de” y produce obras que remiten fuertemente a esos autores que uno admira, pero la construcción del discurso propio se nutre de otras fuentes como el entorno social, económico y cultural. En mi caso, además de mis autores favoritos, pertenezco a una generación que ha sido bombardeada televisualmente desde la infancia. Intelectualmente no aporta gran cosa, pero constituye un acervo genial de imágenes que incluye historietas, videoclips, cine de serie B y Z, películas super 8, videojuegos, etc. A diferencia de los más jóvenes que se tienen que apropiar de esa retro-nostalgia, para nosotros es vivencia directa.

© Carlos Pérez Bucio

© Carlos Pérez Bucio

¿Cómo encuentras los diálogos propicios con la humanidad para plasmar en tu obra? Pregunto esto porque hay ocasiones en las que en tu obra, los sujetos que la habitan parten de tu entorno personal y algunas otras de un entorno “mediático” como es el caso de la obra que protagonizan Jean Marie Le Pen y Angela Merkel.

Además de la política, los debates que se originan en la sociedad pueden ser apasionantes. Las mejores discusiones sobre esos temas las vi en Francia, durante los años que viví allí. Incluso, dejé de pintar durante tres años, en los cuales me dediqué a leer toda clase de libros sobre política, filosofía y teología. Asistía a los debates de las asociaciones políticas, mítines, encuentros con senadores y con periodistas. Incluso escribí varias crónicas humorísticas sobre mis experiencias francesas para el periódico Milenio. Me daban una página entera en la sección El Ángel Exterminador. Quizá tanta información política y social me orilló a llevar a los terrenos plásticos lo que era únicamente inquietud intelectual. El sentirme en la frontera del arraigo y el desarraigo, viviendo de cerca el tema de la inmigración, junto con esa extraña fascinación mórbida que despertaba en mí la extrema derecha francesa y el populismo, hicieron que comenzara a insertar personajes públicos en mi obra. De hecho, mi regreso a la pintura se dio con la inclusión de esos elementos: inmigración, extrema derecha, supremacía del occidente, el odio racial, etc.

© Carlos Pérez Bucio

© Carlos Pérez Bucio

Tenemos muchos ejemplos grandiosos de ilustradores y pintores que realizaron la crónica de su tiempo, de estos podríamos ejemplificar a Goya, Posada y a José Clemente Orozco ¿Por que es fundamental relatar con el dibujo y la pintura de una forma metafórica e irónica los avatares socioculturales que nos rodean?

Pertenezco a una estirpe que no puede sentirse ajena a los problemas humanos materiales. El arte debe ocuparse también de esos problemas. Estoy en las antípodas de ese arte aséptico que no afirma nada, que no sentencia nada. Me dan pereza las obras que sólo “cuestionan la noción de espacio”, en una sala blanca de museo trendy. El arte se deshizo, o mejor dicho, los que deciden en el mundo del arte decidieron deshacerse de la política, del erotismo, de lo social, para aliarse con el marketing y las marcas. ¿En qué momento dejaron los artistas de aliarse con los sindicatos y los activistas sociales y empezaron a ser apéndices de diseñadores de modas y directores de marketing? Ese mundillo farandulero del arte es culpable de vivir en una burbujita de cristal en la que son felices con sus becas Fonca y cuando ésta se les acaba, a buscar otra, y otra, y otra, hasta que el sistema ya no tiene becas qué ofrecer, o hasta que son viejos, porque el artista viejo -a los treinta y tantos, como en el futbol- carece de interés para el sistema del arte, hicieron de la edad una virtud. En fin, creo en la responsabilidad del artista plástico, el que se nutre de política y le espeta al burgués en su cara que su sistema de valores está podrido, y que el arte que voluntariamente hace suyo el sistema de valores burgués también está podrido.

© Carlos Pérez Bucio

© Carlos Pérez Bucio

Descríbeme un poco del proceso de creación del “Independentista”. ¿Quienes habitan el lienzo? ¿Hay una interpretación de la manipulación Estado- Sociedad en ella?

Esa es una obra de hace diez años, mis años franceses y mis años Fonca -he de decir que el hecho de que sea muy crítico con el sistema de becas no quiere decir que lo rechace totalmente, el problema es cuando el artista acude a él año tras año como si fuera un programa asistencialista- en los que leí todo lo que pude sobre poderes étnicos y nacionalismo. Esa obra se burla del nacionalista, el que se presenta como víctima pero que en realidad lleva la semilla del totalitarismo. El nacionalismo es entendible y hasta necesario, porque brinda a los miembros de una nación el sentido de pertenencia y destino superior, pero también muy peligroso porque el nacionalismo lleva implícito el ingrediente de exclusión del otro. Por eso, los nacionalistas catalanes, vascos, sionistas, y los que me quieras poner, son todo menos adalides de la justicia. En todos ellos pensé cuando hice esta obra, donde están retratados los tiempos incendiarios con los que sueña el nacionalista, ahí está el demagogo que conduce a la gente. El nacionalista lleva enterrado un cuchillo de “mentiritas”, el que le corresponde ni más ni menos a su estatus de víctima “de mentiritas”.

© Carlos Pérez Bucio

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Nunca olvidare el día que me enseñaste la obra en la que Verga de Fuego y Cochipuerco (si no es el nombre correcto por favor corrígeme y una disculpa) queman lobitos, venaditos y todo tipo de tótems contemporáneos ¿La creación de esta obra fue un proceso de catarsis? ¿Como explotas con esta obra sin caer en imprecisiones y siempre respetando una armonía de la composición?

Puerco Machín y Verga de Fuego son dos símbolos de los valores que hago míos: los valores viriles tradicionales. Estos valores son trabajo y fortaleza, que no sé en qué momento de la historia se desvirtuaron: hoy en día nadie quiere parecer fuerte ni viril. Los hipsters, a pesar de sus barbas y bigotes, son flaquitos, esmirriados, poco aptos para el trabajo físico. Peor aún, el artista hipster produce venados, lobitos, animales tiernos del bosque y demás fantasías que tradicionalmente están presentes en el imaginario de las niñas pequeñas. Lo sé porque tengo una hija de 9 años y lo que ella produce es exactamente lo que producen los artistas de la generación Millenial. Lo que hay en México es exactamente lo que hay en Francia, Los Ángeles, Taiwán, etc. o sea, una generación apolítica y apolitizada, semi-atrofiada corporalmente, y con un miedo casi genético a crecer, a adquirir responsabilidades. Por eso tratan de prolongar lo más que pueden su estatus de estudiantes e hijos de familia más allá de los treinta años, a través de becas, residencias, maestrías en Europa, etc. Uno de mis autores favoritos, Alain Soral, hace una perfecta descripción del hipster: ese ente urbano que destierra a las clases populares de los lugares a donde llega a habitar y que tiende físicamente a la feminización. Puerco Machín y Verga de Fuego emprenden una tarea de destrucción de los símbolos icónicos de una generación de artistas no sólo muy consentida por el mercado y por las becas, sino que ha optado voluntariamente por ser el brazo ilustrado del hiper-capitalismo. A través de Puerco Machín y Verga de Fuego puedo emprender lo que físicamente me veo impedido porque terminaría en la cárcel, pues. No puedo prenderle fuego a un dibujo de lobos y venaditos en Zona Maco, pero sí puedo con mi obra hacer patente mi disgusto con ese arte ñoño y al mismo tiempo marcar mi distancia. Es como decirle al público que jamás verán esas frivolidades de parte mía. En cuanto a la composición y los elementos que componen la obra, es una cadena de decisiones profesionales, es decir, el profesional de la obra de arte toma las mejores decisiones técnicas para llevar a cabo su cometido.

© Carlos Pérez Bucio

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En el bestiario que se refleja en tu obra hay leones, cuervos, lobitos, perros y gatos, cada uno con una connotación distinta. ¿Este tipo de diferenciación dependen de una interpretación mitológica contemporánea de tus pulsaciones y vivencias? ¿Hay humanos detrás de la figura de los animales?

Cada animal presente tiene su misión específica. Los lobos y venados son para burlarme de toda una generación. En otras obras hay perros y aves de rapiña, los cuales asocio a la política. Con los gatos el asunto es más ligero y está ligado a la vida cotidiana y a las redes sociales. Harto de los defensores de los animales, y de su moralina de quinta, decidí hacer una serie que se burlara de manera menos agresiva de los amantes de los animales. Siendo el gato el animal doméstico más popular en redes sociales, fue fácil usarlos de pretexto para poner un signo de alarma sobre una sociedad que prefiere lo animal en detrimento de lo humano. Es fácil identificar al misántropo: está loco por los animales y no duda en llamar a la violencia contra sus congéneres con tal de defender la causa animal. Los amantes de los gatos son la puntita de un síntoma social muy extendido. Así, a través de los gatos hago un retrato de la sociedad neurótica y deshumanizada que tenemos, y que además se jacta de ello en las redes sociales.

© Carlos Pérez Bucio

© Carlos Pérez Bucio

La carga psicológica es innegable en tu obra, en ella podemos leer elementos complejos, que reflejan a sujetos figurativos llenos de símbolos con carga subliminal y aportaciones de Lacan hasta Jung. ¿Es correcta esta apreciación? ¿Trabajas con algún tipo de metodología relacionada al psicoanálisis?

Esta pregunta me sorprende porque a pesar de que algunos han aproximado mi trabajo al surrealismo, nadie me ha hecho señalamientos abiertos sobre psicoanálisis. Tengo más prejuicios que conocimientos reales sobre psicoanálisis. La biografía de Da Vinci por Freud me parece la tomadura más grande de pelo jamás escrita, y lo más sorprendente es que el tipo que la escribió haya desencadenado una revolución intelectual sólo comparable a la de Marx. Las otras cosas que he leído de Freud tienen desde mi punto de vista más en común con el pensamiento mágico que con ciencia médica medible y comprobable. Michel Onfray recién publicó un libro sobre la impostura de Freud. El concepto de sublimación sirve fundamentalmente para apapachar emocionalmente a los artistas, o a los que se creen artistas, para confortarlos en la falta de rigor que supone ser asaltado por una experiencia similar a la iluminación. Así lo veo yo.

© Carlos Pérez Bucio

© Carlos Pérez Bucio

¿Cuáles son tu materiales favoritos para trabajar? Hace unas semanas te comenté que el brillo de la camiseta verde de uno de los protagonistas del “Independentista” me daba la impresión que era el óleo y tú me comentaste que aunque era la impresión de óleo es acrílico. ¿Como desarrollas tu pintura en la que la técnica nos refleja contrastes y brillos de pintura viva?

En la ENAP nunca me enseñaron técnicas. Hay una materia que te enseña a fabricarlos, pero no a utilizarlos. Mi aprendizaje técnico fue autodidacta, y el acrílico me gustó por su brillantez y rapidez de secado. Esa obra que mencionas y casi todas las de esa época fueron de mucha experimentación con veladuras, empastados, transparencias, etc. La teoría del color fue un buen arranque pero no siempre coincidía con la práctica, por lo que tuve que desarrollar teorías del color específicas para cada material. Del acrílico me gusta que puedo empastar o diluir según lo que quiero obtener y así emular algo de lo que sucede con el óleo, como si fuera gras sur maigre. Con el pastel los colores son más vivos, y hay que tener mucho cuidado para no enlodarlo todo y que se vea gris. Los tonos dependen de la yuxtaposición de complementarios. Esas son mis dos técnicas de predilección en pintura. Cuando dibujo, utilizo tintas y pierre noire, es un lápiz negro seco muy parecido al pastel, y da un trazo muy parecido al de la litografía. Dicen que mi obra dibujada es muy como de siglo 19.

© Carlos Pérez Bucio

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Para cerrar la entrevista te haré una pregunta que se hizo Paul Gauguin y que creo que todos los que nos decimos existencialistas hiperrealistas nos hacemos todos días: ¿De dónde venimos? ¿Quienes somos? ¿A donde vamos?

En cuanto a la carne, todos venimos de los testículos de nuestros padres y es nuestro deber honrar la memoria de dichos apéndices anatómicos: trabajarás y te ganará el pan. En cuanto al espíritu, somos criaturas con afán de trascendencia y todos, artistas y no artistas, estamos llamados a completar la obra divina de la creación. La nuestra es una misión creadora. También somos cuerpo y es obligación nuestra cultivar los valores materiales y el hedonismo. Como habitantes del paradigma heleno-cristiano (ojo, el judeo-cristianismo se extinguió en el siglo I de nuestra era, es un error invocar al judeo-cristianismo para definir nuestra sociedad occidental contemporánea) aspiramos a la verdad, el bien, y lo bello. Esos son nuestros valores primarios de alcance universal. ¿A dónde vamos? Ciertamente no al paraíso, ni al infierno. Tampoco es nuestro destino el de la reencarnación. Quizá lo mejor sería exigir nuestras cuarenta vírgenes ahora mismo y no cuando estemos muertos.

Enlace: www.carlosperezbucio.com

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