En una emergencia de último minuto, la oficina Langarita-Navarro Arquitectos dio vida a un hogar temporal para el Red Bull Music Academy (RBMA) un evento musical anual y nómada. Cada año una ciudad del mundo acoge a 60 participantes internacionales y los rodea de músicos, productores y dj’s para experimentar e intercambiar conocimientos en torno a la música. Debido al terremoto y al posterior desastre de Fukushima, la que debía haber sido la RBMA de Tokyo 2011 tuvo que cambiar de sede y buscar una nueva ubicación con menos de 5 meses para su desarrollo. La ciudad de Madrid tomó el relevo y aprovechó el espacio de creación de Matadero Madrid, ubicado en un antiguo conjunto industrial de principios del siglo XX, como nueva sede del evento. Un proyecto a medio plazo, La Nave de la Música en Matadero Madrid.

© Luis Díaz Díaz - Sun

“En muchos sentidos este es un proyecto que comparte la lógica de una matrioska. No sólo en el sentido físico más literal, en el que uno queda incorporado en otro, sino también en un sentido temporal, en el que uno se da dentro de otro”, explican María Langarita y Víctor Navarro. Con la RBMA se inicia la programación de la Nave de la Música dedicada específicamente a la creación e investigación sonora. A partir de la instalación creada, y dado su carácter experimental, lo construido se plantea como una estructura temporal basada en criterios de adaptabilidad y reversibilidad que faciliten reconfiguraciones totales o parciales del espacio en el tiempo. Bajo estas premisas, el encargo pasaba por crear, en condiciones de urgencia, una infraestructura que fuese capaz, además de responder a necesidades técnicas y acústicas precisas, acelerar, favorecer y enriquecer una serie de relaciones artísticas muy intensas que se iban a dar entre los músicos participantes y a su vez añadir una envolvente o un escenario donde todo esto iba a ser registrado y archivado.

© Luis Díaz Díaz - Acceso

La nave -un espacio diáfano de unos 4,700 m2, abierto al exterior, de estructura metálica y fachada de ladrillo- está protegida, por lo que el estudio tomó como criterio no actuar sobre ella, dejándola tal y como estaba previamente a la intervención. En menos de dos meses, la organización del programa determinaba una configuración específica agrupada en cuatro partes: zona de oficinas, estudios para músicos, estudio de grabación y una zona de conferencias, radio y lounge. Los condicionantes acústicos han determinado tanto las geometrías, como la elección de materiales y soluciones constructivas.

© Luis Díaz Díaz - Oficinas

Debido al carácter temporal de la obra y para no condicionar futuras intervenciones en la nave, el proyecto se ha pensado para ser desmantelado sin dejar huella. Incluso las actuaciones más “pesadas”, se han pensado para ser reversibles y que permitieran un fácil reciclaje en el futuro. Es el caso de la solución de los sacos terreros para los muros de las salas de grabación o la plantación de las especies en macetas para su futuro transplante a otros espacios de Matadero o de la ciudad. Como resultado el proyecto se despliega en el interior de la nave como una estructura urbana disgregada en la que a través de la relación variable entre proximidad e independencia, preexistencia y actuación sea capaz de ofrecer escenarios imprevistos para la comunidad que lo habite.

© Luis Díaz Díaz - Estudios

© Miguel de Guzmán - Lounge

© Miguel de Guzmán - Salón de Lectura

© Miguel de Guzmán - Estudio 07

© Miguel de Guzmán - Estudio 04

© G. Tripodo RBMA- Salón de Lectura

Enlace: www.langarita-navarro.com

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